reconoce sus orígenes

Ramadán: Fe a través del ayuno

Publicado: 2012-07-23

Por Sergio Paz Murga

El mundo musulmán está de fiesta. Esta semana se inició para cientos de millones de musulmanes el mes sagrado del Ramadán, un periodo que es considerado de reflexión, purificación y autocontrol.

Por 29 ó 30 días, todo aquel que cree que Alá es Dios Único y Mahoma su Profeta se verá inmerso en semanas en las que tratará de controlar sus necesidades físicas para dar paso a la satisfacción y el enriquecimiento del espíritu, todo con el afán máximo de agradar al Creador.

El ayuno para quienes provienen de la cultura judeo-cristiana no es desconocido pero ciertamente no existe en Occidente nada parecido a tantos días en las que todos los hombres y mujeres sanos deben abstenerse de comer y beber desde el alba hasta que se pone el sol.

Según el Islam –que cree que en este mes el Corán fue revelado al profeta Mahoma en el siglo VII– solo a través del ayuno se gana un mejor conocimiento de Dios y una mayor compasión por los más desfavorecidos.

Algunos señalan, equivocadamente, que solo se trata de privar alimentos, pero no es así. Va más allá a la simple idea de ayunar. Se trata de privar al cuerpo de todos los placeres que por la naturaleza humana nos pueden alejar del objetivo final de la vida que es ser “agradable” a los ojos de Dios… o Alá.

Así, en este mes el musulmán se priva de todo aquello que pueda causarle placer como el sexo, el fumar y el alcohol. En todos y cada uno de los momentos del ayuno, la persona suprime sus pasiones y deseos por amor a Dios a la vez que reafirma su fe.

Según los líderes más destacados de la fe islámica, el Ramadán es una buena ocasión para centrarnos en Dios y alejarnos también de todo lo malo como la injuria y la mentira.

El objetivo básico es la purificación espiritual y física que tiene como una de sus armas más poderosas a la oración y la lectura del Corán, el libro fundamental de la fe musulmana.

¿Puede un musulmán abstenerse de participar de este mes especial? No, porque de hacerlo estaría infringiendo uno de los cinco pilares en los que se basa el Islam y que son de práctica “obligatoria”: La profesión de la fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación –aunque sea una vez en la vida– a La Meca (Arabia Saudita).

Condiciones previas

Sobre el ayuno hay que tener presente que hay ciertas condiciones que el creyente debe tener en cuenta a la hora de ponerlo en práctica.

Lo primero, es que se debe estar seguro que el Ramadán haya comenzado. Mahoma fue muy claro al decir que debía iniciarse con el noveno cuarto creciente del año. En cielos tan nublados como el de Lima, lo más seguro es que sea el líder de la comunidad musulmana en nuestro país el que anuncie que el ayuno se pone en marcha.

Segundo, el creyente debe estar 100% consciente de lo que implica el mes del ayuno, sus consecuencias y, por ende, sus satisfacciones.

Tercero, abstenerse de hacer llegar algún alimento sólido o líquido al estómago durante las horas que dure el ayuno diario. Así uno rompa por segundos el ayuno, invalida toda la jornada y debe recuperar ese día en un futuro.

Cuarto, abstenerse de tener relaciones sexuales, así no haya placer sexual o eyaculación. Quinto y sexto, abstenerse de masturbarse y provocarse vómitos.

Sétimo –y no menos importante– evitar agredir tanto física como verbalmente al prójimo. Esta última condición es la que tiene más consecuencias a nivel mundial.

Y es que debido al celoso cumplimiento de su fe, el mundo musulmán entra en un periodo de calma en la que las diferencias políticas, sociales, económicas y hasta religiosas se dejan a un lado en pos de Alá.

Por ejemplo, se estima que miles de personas en el mundo árabe se tomen un intervalo en sus protestas pro democracia que sacuden el norte de África, un tiempo que puede ser utilizado por tiranos como Bashar Al Assad, en Siria, para reagrupar a sus fuerzas y llevarlas.

En países como Irak, los grupos rebeldes se tomarán un descanso mientras que en Afganistán los talibanes –fundamentalistas islámicos vinculados a Al Qaeda– bajarán sus armas contra sus odiados enemigos norteamericanos.

Aún se desconoce si Estados Unidos también dejará de atacar a los terroristas, pero si continúa su ofensiva militar podría ocasionar tal indignación en el mundo musulmán –entre moderados y fanáticos– como el que se desataría entre los cristianos si se declara una guerra en plena Navidad. Algo impensable en las mentes y en los corazones de muchos hombres de buena voluntad.

A todo esto, ¿Siria vivirá una caída del nivel de violencia o seguirá desangrándose en una guerra civil incontrolable?


Escrito por

mundomula

Sergio Paz Murga, profesor y periodista especializado en Medio Oriente. Jayme Arnao, fotógrafo y corresponsal extranjero en Francia.


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