reconoce sus orígenes

Siria: ¿Rebeldes o terroristas?

Publicado: 2012-06-18

Por Sergio Paz Murga

Hillary Clinton se siente “indignada”. Así lo ha hecho saber la jefa de la diplomacia estadounidense esta semana al enterarse que Rusia ha vuelto acusar a Washington de vender armas a los rebeldes sirios.

La acusación no sería tan grave sino fuera porque esos rebeldes estarían involucrados en masacres de cientos sino miles de civiles inocentes que quedan todos los días bajo el fuego cruzado con el Ejército sirio.

La lucha se ha vuelto tan descarnada que la ONU ya habla de una “guerra civil” entre las fuerzas de seguridad, que protegen el gobierno tiránico de Bashar Al Assad, y la oposición, en su mayoría suniìta, que se ha dividido en varias milicias, unas más crueles que otras.

Desde el inicio de la revolución en marzo del 2011, como parte de la llamada “Primavera Árabe” han muerto más de 13,000 personas, mientras 500,000 quedaron desplazadas dentro del país, y 73,000 huyeron a países vecinos.

En todo este tiempo la postura norteamericana ha vacilado entre un mensaje diplomático fuerte contra el régimen de Al Assad, y un rechazo a usar –todavía- el uso de la fuerza.

Muy distinto a lo que pasó en Libia cuando el presidente Obama lideró, junto a otros a países occidentales, una ofensiva militar –a través de ataques aéreos de la OTAN– contra las fuerzas del sátrapa Muammar Gadafi, y que determinaron su caída y posterior muerte.

El caso sirio es distinto. Las revueltas llevan más de un año, los muertos son más, pero EEUU se niega a hablar de un ataque militar debido a los temores que le despiertan sus posibles socios sirios.

Para empezar, según los servicios de inteligencia norteamericanos, no existe una oposición siria homogénea con la cual sentarse y conversar sobre su estrategia contra el gobierno de Al Assad.

Existe, más bien, un conjunto de grupos de lo más plural que incluye desde defensores de los derechos humanos, islamistas moderados, nacionalista árabes, ciberdisidentes, y hasta personas vinculadas a grupos terroristas como Al Qaeda.

Crisis interna

El grupo más importante entre toda esta gama de manifestaciones opositoras es el Consejo Nacional Sirio, que reúne a nueve movimientos y que sufre estos días una crisis interna, debido a diferencias ideológicas, pero, especialmente, religiosas.

El desgaste militar provocado por el Ejército está logrando marcar una diferencia entre los viejos líderes nacionales opositores –laicos– y las nuevas generaciones que protagonizan las protestas en las calles con gritos de yihad –guerra santa–.

“Esto ya no es una revolución, es una guerra sectaria en toda regla y viendo la alternativa islamista que ofrecen los insurgentes, con todo el dolor del mundo, prefiero quedarme con el régimen e insistir en la vía de los cambios”, manifestó Majd Niazy, líder del Partido Nacionalista Sirio.

Desde Turquía, el líder opositor Amer Kadro acusó al CNS de sucumbir al fundamentalismo religioso de los Hermanos Musulmanes y de traicionar la revolución.

“Antes se gritaba en la calle: “Siria Unida”, ahora lo que más se escucha son eslóganes religiosos”, criticó.

La cuestión más escandalosa en este juego es el vínculo del “Ejército Sirio Libre”, con el terrorismo islámico y los servicios especiales occidentales.

El “Ejército Sirio Libre” es el brazo armado del CNS que se opone al gobierno de Al Assad y ya ha sido reconocido por cierto número de países europeos y árabes –suniítas–. Aunque el “ejército” es presentado por la oposición como una organización de desertores y tránsfugas de las Fuerzas Armadas sirias, eso es solo un aparte de la verdad.

Los muyahidines árabes –que matan soldados de EEUU y sus aliados en Irak y Afganistán– y también militantes de otros países han ido a Siria para enrolarse cuando comenzó el conflicto.

Ayman Al Zawahiri, el líder de Al Qaeda tras la muerte de Osama Bin Laden, ha hecho un llamado a los musulmanes de Turquía, Irak, Líbano, Jordania y otros países del Golfo Pérsico a prestar cualquier ayuda que precisen sus “hermanos sirios”.

EEUU ya ha alzado su voz de alarma. “Provoca preocupación que Al Qaeda esté intentando conseguir asentar su presencia allí. La situación ha pasado a ser muy grave”, dijo Leon Panetta, secretario de Defensa estadounidense.

La Casa Blanca sabe que Al Qaeda está dando hombres, dinero y armas a los rebeldes sirios por lo que es renuente a repetir el “fiasco afgano”, cuando en los ochenta apoyó a los muyahidines en su lucha contra los rusos. La preparación militar que recibieron de la CIA terminó siendo usada en futuros atentados terroristas contra objetivos norteamericanos.

A lo mucho, el gobierno de Obama habría autorizado la trasmisión de datos de inteligencia a los rebeldes sobre la movilización de las fuerzas armadas sirias para evitar ataques sorpresivos.

Y si los rebeldes necesitan municiones, cohetes o radares, EEUU habría dado el visto bueno para que sean países terceros los que hagan el “trabajo sucio” como Turquía y Arabia Saudita.

“Ahora todo es muy confuso. Cómo saber a quien le damos bombas si no sabemos quién es el bueno o el malo. De Al Assad esperamos muertes y crueldad pero de la oposición solo encontramos preguntas y más preguntas”, dijo un portavoz del Pentágono al diario The New York Times. Es decir, la potencia mundial anda a ciegas en medio de un baño de sangre no visto antes en Medio Oriente.


Escrito por

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Sergio Paz Murga, profesor y periodista especializado en Medio Oriente. Jayme Arnao, fotógrafo y corresponsal extranjero en Francia.


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