hasta siempre, Arturo Corcuera

Lady Gaga y el arte de provocar

Publicado: 2012-06-18

Por Sergio Paz Murga

En setiembre del 2008, Christina Aguilera reapareció en los premios MTV para cantar su nuevo single “Keeps getting better” ataviada en un traje negro pegado al estilo Gatúbela, el cabello platinado y una actitud rebelde con toques góticos.

La presentación fue un fiasco. No porque la canción fuera mala o las virtudes vocales de Aguilera hayan desaparecido, sino porque su perfomance fue una copia barata de una cantante novata que en ese momento no llevaba ni tres meses en el negocio del espectáculo: Lady Gaga.

En Internet la hicieron picadillo y cuando le preguntaron sobre su imitación de Gaga, ella atinó a decir que no la conocía y que no podía imitar algo “intrascendente”.

Hoy, poco más de tres años después, nadie parece recordar a Aguilera y esa chica “intrascendente” por la que nadie daba un centavo es la artista femenina más influyente del mundo pop, con ventas estimadas de 22 millones de álbumes y 69 millones de sencillo en todo el mundo.

Y es que todos hablan de Lady Gaga, ya sea por sus cualidades musicales, sus polémicas declaraciones o su extravagante gusto en el vestir, que la han hecho un ícono de millones de adolescentes, que ven en su irreverencia una forma de expresión única y válida.

“No he visto nunca algo semejante a Gaga. Ella es diferente a las otras lolitas del pop. Perdurará en el tiempo”, dijo en su blog Perez Hilton, el comentarista de espectáculos más polémico de Estados Unidos, y quien puede encumbrar o derrumbar a las nuevas figuras de Hollywood.

En efecto, Lady Gaga tomó por sorpresa a un país acostumbrado a la aparición constante de cantantes pop desechables, platinadas en su mayoría, huecas, sin voz, ni conocimientos musicales. Véase nada más a las hermanas Jessica y Ashley Simpson, Mandy Moore, etc.

Britney Spears y Christina Aguilera, las llamadas “princesas del pop”, son otro lote. La primera, porque fue la pionera a fines de los noventa y su éxito comercial sigue más fuerte que nunca –pese a sus escándalos personales– y la segunda, porque tiene talento y eso ya es mucho.

Pianista y compositora

Gaga, mientras tanto, ha sido una caja agradable de sorpresas. Nacida en 1986, bajo el nombre de Stefani Joane Angelina Germanotta, a los cuatro años ya sabía tocar el piano y a los 12 ya había compuesto su primer solo.

“El piano era la única manera que conocía para comunicarme”, dijo Gaga una vez en una entrevista, recordando que en aquellos días de adolescencia era más oscura como Tori Amos o Fiona Apple. Algunas de sus canciones en su álbum debut “The fame” como “Again, again” y “Brown eyes”, recogen esa influencia.

A los 20 años ingresó a Interscope Record como compositora para artistas consagrados como Akon, quien la animó a lanzarse como solista al escuchar su talentosa voz.

Ella recuerda que al principio no fue nada fácil: “Cuando hacía audiciones para teatro me decían: eres fantástica pero muy pop. Luego cuando tocaba en clubs la gente de las disqueras me decían: eres muy buena pero muy teatral”.

Poco a poco fue introduciendo su material en locales de Nueva Jersey, en los que también mezcló la danza. Su habilidad para el baile –fue una gogo dancer– llamó la atención de los DJ’s de la zona y en especial del compositor y productor musical Rob Fusari, con quien redefinió su estilo.

Esa joven, que un momento se resistía a renunciar a su esencia admite que tuvo que dejar atrás aspectos físicos para encajar en los cánones de la industria musical. Bajó varios kilos y se tiñó el cabello de rubio porque de no hacerlo hubiera parecido la doble de Amy Winehouse.

“Tengo la nariz grande, los rasgos y el cabello como ella. Literalmente en la calle me gritaban Amy. No me ofendí pero quería ser conocida por mi propia imagen”, dijo.

En “The fame”, Gaga peleó para que el estudio la dejara escribir todas las canciones, diseñar el vestuario y encargarse de la dirección artística de sus vídeos, en una muestra de egocentrismo pocas veces vista en artistas que recién empiezan.

“Yo sé lo que quiero y cómo lo quiero. No me importa que piensen que soy el centro del universo, soy un artista y eso es lo más importante”, declaró Gaga en una de sus primeras entrevistas.

Cuando presentó por primera vez su sencillo “Just dance” en la coronación del Miss Universo del 2008, el impacto fue a lo grande. Su mezcla de electro pop y dance, sin grandes ambiciones pero efectista, acaparó la atención de millones que se volcaron a comprar su álbum.

Aunque el producto tardó en ser comprendido unos meses, “The fame” llegó a ser número uno en las listas de EEUU, Reino Unido y Canadá. Le han seguido, desde entonces, dos álbumes más: “The Fame Monster” y “Born This Way”, que recibieron excelentes críticas.

Extraña e inentendible

Lo más curioso es que a medida que va creciendo su popularidad, su imagen ha ido transformándose y volviéndose más vanguardista y futurista, para algunos, pero también más extraña e inentendible, para otros.

Su vestuario, que mezcla alta costura y harapos insufribles, la han llevado a las portadas de miles de revistas, mientras su maquillaje cada vez más recargado deforman su belleza convirtiéndola en una especie de mujer-payaso.

Frente a esto es válido que muchos se pregunten a qué juega Lady Gaga. ¿Es ella más forma que fondo?, ¿más imagen que calidad musical?, ¿está interesada más en que la vean o que la escuchen?

Algunos de sus detractores señalan que no es más que otro producto comercial que apela al facilismo de la desnudez en sus videos y a una filosofía de vida provocadora que siguen millones de jovencitos en el mundo: anti-política, anti-leyes, pro-sexo libre y gay-friendly.

Una novata demasiado ambiciosa, que juega con su bisexualidad –que a nadie le importa-, un hermafroditismo que después desmintió y que sólo quiere la anhelada y pasajera “fama”, esa misma que ha dado nombre a dos de sus álbumes.

Pero en un mundo pop cuya monarca absoluta es la camaleónica Madonna –que conoce muy bien la palabra ambición–, Lady Gaga aparece como un contendiente de peso que quizá pueda arrebatarle el cetro. Sus pecados no son muchos ni imperdonables, dicen.

Claro, todavía le faltan años de esfuerzo y éxito, pero sobretodo caídas y fracasos que hacen madurar a los grandes. El camino para ser considerada un ícono aún es muy largo para Lady Gaga. Sin embargo, ella ya dio el primer paso.


Escrito por

mundomula

Sergio Paz Murga, profesor y periodista especializado en Medio Oriente. Jayme Arnao, fotógrafo y corresponsal extranjero en Francia.


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